sábado, 12 de septiembre de 2009

DICCIONARIO: P de Peluca

Retrato de caballero francés con peluca empolvada, en la década de 1690-1700.

Evolución de las pelucas masculinas entre 1715 y 1723.

Peluquero dando los últimos toques al peinado de su clienta, ante el asombro del marido de ésta, en un grabado satírico de 1770.

"Macarroni" inglés de 1773, en un grabado británico de la época.



Peinados femeninos de la década de 1770, extraído de un catálogo de modas parisino de la época.

retrato de la Princesa Elisabeth de Francia, alias "Madame Élisabeth" (1764-1794), hermana de Luis XVI y cuñada de Maria-Antonieta, con un peinado "Puf a la Reina" en la década de 1780.

P


Peluca: las primeras pelucas (y postizos) que se conocen fueron las utilizadas en el antiguo Egipto. En el Imperio Romano, a imagen y semejanza de Grecia, se empezó a generalizar el uso de postizos y pelucas tanto para hombres como para mujeres patricias a medida que la moda del peinado se iba sofisticando. En la Edad Media, era costumbre en los funerales principescos que los soberanos y grandes nobles llevasen una larga barba dorada en señal de duelo de otro monarca difunto. Sin embargo, el auge de las pelucas llegó a su punto más álgido en los siglos XVII y XVIII, en las cortes europeas, desde que el rey Luis XIV de Francia decidiese llevar una en la década de 1670; a partir de entonces, los peinados adquirieron más complejidad según iba evolucionando la moda masculina y femenina. La peluca era símbolo de estatus social pero también tenía una utilidad específica: calentar y resguardar las cabezas de los cortesanos que vivían en espaciosos castillos y palacios con grandes corrientes de aire, y por el frío invernal que en ellos reinaba. Entre los materiales más utilizados para la confección de pelucas y postizos, abundaba el cabello humano mezclado con las crines y colas de los caballos. En el siglo XVIII (décadas de 1740-1750), las pelucas masculinas reducieron progresivamente su volumen y tamaño para que fueran menos engorrosas; se puso de moda en las cortes espolvorear las pelucas con polvos perfumados a base de almidón, huesos de buey y oveja calcinados, harina y madera podrida pulverizadas que blanqueaban el cabello, añadiéndose además la peligrosa utilización del arsénico en polvo para (supuestamente) mantener una sana y abundante cabellera, y combatir así la calvicie. En el caso de las pelucas femeninas (incluso masculinas), éstas volvieron a tener tamaños y formas delirantes a partir de 1770, hasta el punto que las damas debían viajar arrodilladas en sus carruajes para no estropear sus complicados y altísimos peinados, muchas veces coronados con maquetas de barcos, cestas de flores y pájaros disecados y otras excentricidades inventadas por las modistas parisinas. En cuanto a los caballeros, algunos de ellos (llamados "Macarronis") adoptaron peinados con tupés, rizos y colas extravagantes de inspiración italiana. En las dos últimas décadas del siglo, la reina Maria-Antonieta de Francia introdujo un peinado más sencillo llamado "puf a la Reina" que, inmediatamente, fue imitado en toda Europa, y que consistía en llevar un relleno o postizo que se recubría con los cabellos para dar más volumen.
A inicios del siglo XIX, las pelucas cayeron en desuso de forma generalizada, ya que se asociaban a la época prerrevolucionaria o del Antiguo Régimen, de la Ilustración y de la Era de la Razón, y no casaban con los ideales románticos que ya despuntaban y con una nueva moda que pretendía rescatar los atuendos y peinados de la Roma clásica, que debían su creciente auge a los descubrimientos de los yacimientos romanos de Pompeya y Herculano, y que encontró su mejor escaparate en la parisina corte imperial napoleónica.

4 comentarios:

  1. Muchas gracias Pedrete. Un saludo.

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  2. hola como estas? si quiere viaje a estambul o turquia puede disfrutar su viaje su vacasion guia de estambul

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